¿Tengo Hambre, Antojo o Ansiedad?

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Muchas veces confundimos la ansiedad con hambre, otras veces confundimos la felicidad con querer sentir placer; hablamos de sensaciones diferentes y los comedores emocionales queremos satisfacerlas con comida, siendo este el camino para quedar insatisfechos.

La felicidad es una actitud hacia la vida, viene y se va dependiendo del momento. El placer se agota a medida que se disfruta, al igual que una luz de bengala. El hambre física se siente como un vacío en el estómago y nos pide comida rica y nutritiva.  La ansiedad se siente como nudo en el estómago, en el pecho y algunas veces también en la garganta.

Si el sentimiento que estamos experimentando es ansiedad y con algún alimento nos hemos acostumbrado a sentirnos mejor, porque sabe rico, vamos a repetir esta conducta una y otra vez. Pero si en vez de eso logramos darnos un momento para tranquilizar la mente y preguntarnos si en realidad es “eso” lo que queremos, podremos descubrir la causa de nuestro malestar y hacer algo para cambiar el estado ánimo. Muy probablemente no comeremos lo que pensamos era un antojo.

Cuando tenemos un antojo real, este viene acompañado de la imagen y a veces hasta del olor de lo que queremos comer, la mente nos mueve hacia él. Sentimos entusiasmo de imaginar que lo comeremos y no tiene que ser en ese preciso momento cuando lo llevemos a la boca, podemos planear con calma ir a comprarlo o prepararlo, no nos causa ansiedad la espera. El placer vendrá al dar el primer bocado y el antojo quedará saciado.

Así que la próxima vez que te sientas ansioso o con antojo recuerda la diferencia entre estos estados, date un momento y pregúntate  ¿Qué es lo que en realidad necesitas satisfacer?

¡Confiar en tus sensaciones es confiar en ti!

Psict. Marisol Santillán.