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Mi hijo y el sobrepeso ¿qué pasó?

Por Marisol Santillán

Muchas veces llegan los padres de familia preocupados por el sobrepeso de su hij@, sin importar la que tenga, es un tema que los lleva a buscar ayuda. A veces se sienten culpables o no entienden qué es lo que pasa.

En este texto trataré de explicar muy breve lo que vivimos como padres o cómo hijos frente al sobrepeso.

  • Tener conocimientos de nutrición no lo es todo.

En México tenemos altos índices de obesidad infantil, sin embargo, hoy en día tenemos mucha información sobre nutrición y cómo llevar una adecuada alimentación en nuestros hogares. Está al alcance de todos y sin embrago, esto ha creado más confusión en los padres y en los hijos desde la adolescencia. Hay un sinfín de opciones que podemos usar como guía para alimentarnos: vegetarianos, veganos, dieta baja en carbohidratos, dieta mediterránea, dieta alta en proteína, etc. Pero pareciera que entre más conocemos, menos sabemos qué y cómo comer.

Los niños están expuestos todo el tiempo a imágenes que venden comida poco saludable, las campañas publicitarias los hacen perecer fantásticos y es natural que un niño quiera comerlas, aunado a esto, en verdad pueden ser muy ricos al paladar. El problema no se soluciona como prohibirlas, sino con mostrar cuanto y cuando comerlas.

Nos hemos centrado en querer educar con adjetivos como la comida chatarra engorda y la comida saludable enflaca, pero esto no es sinónimo de salud. Dejamos de lado la vida emocional, no estamos enseñando  que la ansiedad y los problemas emocionales no se resuelven comiendo… no tenemos una sana nutrición emocional, y sí, tardes de domingo frente a la televisión comiendo.

Usar adjetivos como esto o aquello engorda, para un niño o adolescente puede ser significado de manera incorrecta “si lo como es que soy gordo” y no nos damos cuenta de que esto dañara aún más la autoestima. O bien, se vuelve un alimento prohibido y el niño buscará comerlo fuera de la vista de sus padres o educadores.

No basta con enseñar planes nutricionales, hay que ir más a fondo, si los hijos o sólo uno de ellos tienen sobrepeso, está mostrando el síntoma de “algo” que hay que revisar en la familia, no únicamente en el hijo.

 

  • La sobrealimentación es símbolo de desconfianza.

Mostrar a los hijos cuanto comer es básico, pero las mamás nos asustamos si creemos que no estamos alimentando suficiente al bebé, no confiamos en su hambre y muchas veces los obligamos a comer o complementamos la leche materna con formula. Cuando son niños o adolescentes, los obligamos a terminarse todo el plato y los orillamos a ignorar las señales naturales de hambre y saciedad.

Es entonces natural que el niño coma todo el plato con tal de tener postre, el premio por ser niño bueno y comer bien…  en realidad, comió demás.

Respetemos su propio ritmo, ellos saben cuánto comer, aunque para nuestros ojos sea poco. Escuchemos al doctor, si ellos nos indican que está bajo de peso o con sobre peso, y entonces sí cambiemos los hábitos familiares, no únicamente del niño o adolescente en cuestión.

 

  • El estrés de los padres causa ansiedad en los hijos.

Los adultos estamos confundidos entre alimentar bien y las nuevas versiones de dietas que están de moda, entre lo saludable y la chatarra, hay tanta información que confiamos más en el papel que la sabiduría del cuerpo y la naturaleza.

A esto hay que agregar el estrés que surge cuando nos damos cuenta de que nuestro hijo tiene sobrepeso o está gordito. Los cachetes y piernotas que fueron elogiados cuando era un “bebé sano y rozagante” se vuelve en nuestra contra y en la del mismo niño.

Al ver que no tiene la talla de sus amigos, que no puede jugar igual que ellos, que no le queda la ropa que se quiere comprar… los papás entramos en angustia y queremos poner solución inmediata cambiando la alimentación drásticamente, y los queremos llevar a una dieta restrictiva que seguramente no va a aguantar y sí va a mermar su autoestima… cada dieta es igual a no mereces, estas gordo.

Pero “lo que es, ya es”, no se trata de encontrar culpables, los padres hacemos lo mejor que podemos para educar a los hijos, la mayoría de las veces es con amor y con la preocupación de que sean felices siempre.

De nada sirve preocuparnos, mejor ocupémonos de hacer cambios positivos en la familia. Comprender lo que te pasa a ti con el sobrepeso de tu hijo es importante, la mayoría de las veces es más grabe lo que te imaginas que lo que en realidad está pasando. Es tu propio ruido el que no te deja en paz.

Si en la familia hay problemas, de cualquier tipo, enfermedad, agresiones, pleitos, problemas económicos, escolares, etc. ocupémonos de averiguar cómo está afectando eso a los hijos, la angustia y ansiedad pueden ser el factor que provoque que los niños o adolescentes estén comiendo demás, usando esta conducta como un escape a lo que sienten.

Ocupémonos entonces no sólo de la alimentación sino también de que el hambre emocional sea atendida con amor y comprensión

 

  • Fomentar hábitos saludables con el ejemplo.

Los padres, generalmente la mamá, son quienes se encargan de llevar la comida a casa y preparar los alimentos, tratar de que aprendan a nutrirse con calidad también incluye colaciones y dulces, a los niños les gustan los dulces, las piñatas, los productos de bolsita, enseñémoslos a consumir los que son de buena calidad nutricional, pero no dejemos que los alimentos se vuelvan prohibidos o premios.

Recuerda que los niños aprenden con el ejemplo, es decir, imitan lo que ven, así que mejor ocúpate de mostrarles el camino adecuado. No se vale que tu sí tomes refrescos y ellos no, que tu sí coma fritangas y ellos pollo hervido.

Comer rico no está peleado con la dieta diaria, pero sí con la idea de que tenemos de hacer dieta, así que no los enseñes a estar en restricción.

Crear actividades que nos saquen del sedentarismo es vital para el sano desarrollo de la familia, no únicamente de los niños. Inventa formas para que jueguen lejos de las pantallas y los sillones.

 

  • No criticar su físico, mejor apreciarlo por quien es.

Decirles palabras que califiquen su físico como gordo, flaco, bonito o feo son sinónimos de aceptación o rechazo, evita hablar o señalar su físico, su cuerpo y mejor ocúpate de que vean y reconozcan sus cualidades y virtudes, estas sí les acompañaran toda la vida.

Las palabras de aceptación que reciben de sus padres serán el termómetro de su autoconcepto y las ganas por ser mejores seres humanos, sin importar la talla de su ropa.

Recuerda que si necesitas apoyo es valido buscar ayuda, la psicoterapia es una buena herramienta.

Psicoterapeuta y Orientador Familiar

Marisol Santillán

Bienvenidos a mi espacio, tú espacio!

Aquí encontrarás un lugar donde exploramos juntos la relación profunda entre la comida, las emociones y nuestra salud mental. Este es un sitio pensado para ti, que buscas comprender más sobre el hambre emocional, mejorar tu autoestima y cuidar de tu bienestar. A través de videos, escritos y testimonios de mis talleres, podrás descubrir herramientas y reflexiones que te acompañarán en tu proceso personal.

Te invito a navegar, compartir y sentirte apoyado en cada paso de este viaje. ¡Estoy muy feliz de que estés aquí y espero que encuentres lo que necesitas para sanar y crecer!

Explora, aprende y conéctate con tu mejor versión.

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Psicoterapeuta Marisol Santillán 2026

Mis propuestas para ti

Testimonios

Es una herramienta para mi vida que me permitió darme cuenta de la raíz de mi mala relación con la comida y como cambiarla para vivir en armonía y libertad conmigo. Tu experiencia me parece valiosísima para nuestro crecimiento y apoyo, además de las practicas y los ejercicios que me enseñaste.

Definitivamente hoy me voy de tu taller con un antes y un después.

Gracias a ti!!

Gracias por el taller, me gusto la información. Voy a trabajar para hacer cambio de hábitos en mi salud y a poner mucha atención en mis emociones para cuidarme y tener una gran calidad de vida. Fué maravilloso darme cuenta que soy comedora emocional, pues nunca antes habia comprendido que tambien el restringirme siempre con la comida tenía que ver con mis emociones y mi forma de vivir.

Tu trabajo me parece indispensable para la educación de nuestros hijos, nunca me hubiera imaginado lo parecido que comemos en casa, ahora entiendo a mi hija y a mi misma. Entiendo que no querer hacerme responsable de mis emociones y de mis sentimientos me seguirán llevando a la comida. Gracias Marisol por presentarme tantos sentimientos que no conocía y sé que ahora podre manejar sin taparlos con la comida, el camino empieza con mucho entusiasmo, quiero vivir en atención a mi.

Estoy gratamente sorprendido del contenido de este taller, temas, pasos y forma de exponerlo por Marisol. Los resultados en mi forma de pensar y de sentir también me sorprenden. Me ha ayudado a identificar emociones que han afectado mi forma de actuar ante alguna situacion y ante mis emociones.
Me siento feliz de saberme en control sobre tomar la decisión de Qué, Cómo y Cuanto comer. Haciéndolo con conciencia, de forma saludable y las cantidades que necesito.
Me di cuenta de lo importante que es hacer lo que Quieres ademas de lo que Debes.

Me gustó mucho el taller. Me pareció bien dirigido, con una agenda clara, con ejemplos claros y precisos. Amé los videos que nos compartiste y el material didáctico siempre fue explicado con ejemplos reales. Los tiempos en grupo también me parecieron adecuados, y el seguimiento a las tareas fue constante.

Sentirme comprometida con la clase, y sentirme responsable de dar reporte de mis vivencias, creo que me ayudaron a ser constante y a estar atenta de no solo participar en clase, si no de también
hacer el día a día de la consciencia del hambre emocional.

La repetición de los términos como el hambrómetro, las guías de alimentación,  legalizar la comida, aceptar mi «masita», etc. Reforzaron lo que iba aprendiendo semana tras semana. La participación de Yolanda también me gustó, ejercicios prácticos como las meditaciones guiadas, las posturas de la escultura, etc., me encantan, me ayudan a anclar la teoría.

Aprecio que siempre nos diste tiempo de preguntar, y contestabas todo, incluso en el whats después de clase.

Ampliamente recomendable. Me encantó.

Muchas gracias, con cariño.

Gracias Marisol, tu taller me ha cambiado la vida, me reconectó conmigo misma, volví a escucharme, a escuchar a mi cuerpo,  volví amarme y aceptarme, me veo y me siento diferente y eso no tiene nada que ver con el peso, por fin me liberé del yugo de las constantes dietas que solo me hacían infeliz, hoy me elijo a mí, elijo comer con bienestar y elijo escuchar a mi cuerpo y darle lo que necesita.

Gracias por hacer de mi a través de tu terapia y el taller una persona más humilde.

Pude pedir perdón a quien lo quería y no podía y lo mejor, me pedí perdón a mi misma.

Gracias por hacerme ver que lo que yo creía un problema, es en realidad una oportunidad de crecer. Y también por hacerme ver que también merezco cuidarme, amarme y aceptarme a mi misma.

De verdad antes de terapia contigo y el taller pensé que nunca iba a tener lo necesario para salir de mis conflictos emocionales y con el circulo vicioso que tenía desde hace mucho tiempo.

De la Terapia Individual pienso que ya merecía encontrarme contigo, fuiste mi regalo cuando lo necesitaba y aunque me siento abrumada porque sé que tengo que hacer mucho, tengo mucha tarea por delante pero ala vez me da mucha esperanza porque se que lograré el objetivo si sigo las enseñanzas que he aprendido.

El taller me parece muy completo, abarca todos los aspectos para sanarme, cuando estoy sola y tengo alguna duda sobre mi forma de comer, busco y me doy cuenta que ya me diste todas las herramientas para poder continuar yo sola en esta sanación.

¡Gracias Marisol!

Al principio de este taller estaba escéptico y no me consideraba una persona que tuviera problemas con la comida, asistí por acompañar a mi esposa, conforme avanzo el taller descubrí que soy comedor emocional, que compro compulsivamente y que no sabía reconocer mis emociones, las reprimo. Descubrí que hace tiempo no disfruto de la vida.
Hoy tengo herramientas que me servirán también en el futuro para lograr mis objetivos.
Gracias por esta enseñanza.

Durante el desarrollo del TALLER MI RELACIÓN EMOCIONAL CON LA COMIDA, comprendí por fin, cómo es que ninguna «dieta restrictiva» fue, es o será la solución para mi control del peso corporal, como tradicionalmente lo creí.

El peso que perdí mediante las innumerables dietas restrictivas ha sido temporal y la constante a lo largo de mi vida… y vaya que le «echado ganitas», entiéndase perder muchos kilos (20, 30, 35 kilos).

A través de este taller me di cuenta que la gran mayoría de los planes de pérdida de peso coinciden en sugerir erradamente restricciones de uno o varios grupos de alimentos, satanizando a muchos o colocando una etiqueta de indeseables, generando una tensión que más tarde o temprano te compulsan a buscar nuevamente todo aquello «prohibido en tu alimentación», siendo el cuento de nunca acabar y sintiéndote peor que cuando iniciaste.

Sin duda este taller es el inicio de un proceso y un camino por transitar, una excelente herramienta de autoconocimiento y el mejor inicio para la reconciliación entre la comida  y YO.

Te agradezco infinito Marisol todo tu apoyo y entrega durante el taller, la valiosa colaboración de Yolanda Santillán y la nueva edición de tu libro.

Una abrazo muy afectuoso y gracias totales!!!

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