Se abre en una pestaña nueva

«Eres perfecta»… me hubiera gustado escucharlo, ¿a ti?

Por Marisol Santillán

QUERIDA CHICA DEL BAÑADOR VERDE:

Soy la mujer que está en la toalla de al lado. La que ha venido con un niño y una niña.

Primero que nada, decirte que estoy pasando un rato muy agradable junto a ti y tu grupo de amigos, en este trocito de tiempo en el que nuestros espacios se rozan y vuestras risas, vuestra conversación ‘transcendental’ y la música de vuestro equipo me invaden el aire.

¿Sabes? He alucinado un poco al darme cuenta de que no sé en qué momento de mi vida he pasado de estar ahí a estar aquí: de ser la chica a ser “la señora de al lado”, de ser la que va con los amigos a ser la que va con los niños.

Pero no te escribo por nada de eso. Te escribo porque me gustaría decirte que me he fijado en ti. Te he visto, y no he podido evitar verte.
Te he visto ser la última en quitarte la ropa.
Te he visto ponerte detrás de todo el grupo, disimuladamente, y quitarte la camiseta cuando creías que nadie te miraba. Pero yo te vi. No te miraba, pero te vi.
Te he visto sentarte en la toalla en una cuidada postura, tapando tu vientre con los brazos.
Te he visto meterte el pelo tras la oreja agachando la cabeza para alcanzarla, quizá por no mover los brazos de su estudiadísima posición casual.
Te he visto ponerte en pie para ir a bañarte y tragar saliva nerviosa por tener que esperar así, de pie, expuesta, a tu amiga, y usar una vez más tus brazos como pareo para taparte: tus estrías, tu flaccidez, tu celulitis.
Te vi agobiada por no poder taparlo todo a la vez mientras te ibas alejando del grupo tan disimuladamente como antes lo hiciste para quitarte la camiseta.
No sé si tenía algo que ver, en tu descontento contigo misma, que la amiga a quien tú esperabas se soltaba su larguísima melena sobre una espalda a la que sólo le faltaban unas alas de Victoria’s Secret. Y mientras tanto tú ahí, mirando al suelo. Buscando un escondite en ti misma, de ti misma.

Y me gustaría poder decirte tantas cosas, querida chica del bañador verde… Puede que porque yo, antes de ser la mujer que viene con los niños, he estado ahí, en tu toalla.
Me gustaría poder decirte que, en realidad, he estado en tu toalla y en la de tu amiga. He sido tú y he sido ella. Y ahora no soy ninguna de las dos –o acaso soy ambas aún- así que, si pudiera dar marcha atrás, elegiría simplemente disfrutar en lugar de preocuparme -o vanagloriarme- por cosas como en cuál de las dos toallas, la suya o la tuya, prefiero estar.
Quisiera poder decirte que he visto que llevas un libro en tu bolsa, y que cualquier vientre que ahora tenga tus dieciséis años perderá, probablemente, su tersura mucho antes de que tú pierdas la cabeza.
Me gustaría poder decirte que tienes una preciosa sonrisa, y que es una pena que estés tan ocupada en ocultarte que no te quede tiempo para sonreír más.
Me gustaría poder decirte que ese cuerpo del que pareces avergonzarte es bello sólo por ser joven. ¡Qué coño! Es bello sólo por estar vivo. Por ser envoltorio y transporte de quien en realidad eres y poder acompañarte en cuanto haces.
Me encantaría decirte que ojalá te vieras con los ojos de una mujer de treinta y pico porque quizás entonces te darías cuenta de lo mucho que mereces ser querida, incluso por ti misma.
Me gustaría poder decirte que la persona que algún día te quiera de verdad no amará a la persona que eres a pesar de tu cuerpo, sino que adorará tu cuerpo: cada curva, cada hoyito, cada línea, cada lunar. Adorará el mapa, único y precioso, que dibuja tu cuerpo y, si no lo hace, si no te ama así, entonces no merece que le ames.

Me gustaría poder decirte que –créeme, créeme, créeme- eres perfecta como eres: sublime en tu imperfección.
Pero, ¿qué te voy a decir yo, si sólo soy la mujer de al lado?
Aunque, ¿sabes qué? Que he venido con mi hija. Es la del bañador rosa, la que juega en el río y se está untando en arena. Hoy sólo le ha preocupado si el agua estaría muy fría.
A ti no te puedo decir nada, querida chica del bañador verde…
Pero todo, TODO, se lo voy a decir a ella.
Y todo, TODO, se lo diré a mi hijo también.
Porque así es como todos merecemos ser queridos.
Y así es como todos deberíamos querer.
/desconozco el autor, si lo conoces dímelo para anotarlo.
…….
No puedo regresar el tiempo, imposible cambiar la historia, pero sí puedo decirme hoy y los días que están por llegar, todas aquellas palabras que hubiera gustado escuchar. Hoy puedo tratarme diferente, cuidarme más allá de la silueta, escucharme con la piel y vivir desde el buen trato.
Hoy construyo un camino de aceptación hacia el amor conmigo misma, aunque sé que también habrá días en los que no me gustaré tanto ni me caeré del todo bien, y eso también lo acepto en mi.

Y a ti, ¿Qué te hubiera gustado escuchar? ¿te lo puedes decir hoy?

Bienvenidos a mi espacio, tú espacio!

Aquí encontrarás un lugar donde exploramos juntos la relación profunda entre la comida, las emociones y nuestra salud mental. Este es un sitio pensado para ti, que buscas comprender más sobre el hambre emocional, mejorar tu autoestima y cuidar de tu bienestar. A través de videos, escritos y testimonios de mis talleres, podrás descubrir herramientas y reflexiones que te acompañarán en tu proceso personal.

Te invito a navegar, compartir y sentirte apoyado en cada paso de este viaje. ¡Estoy muy feliz de que estés aquí y espero que encuentres lo que necesitas para sanar y crecer!

Explora, aprende y conéctate con tu mejor versión.

Conóceme

Dar Talleres y ayudar a otros a sanar su relación con la comida y las emociones es en camino maravilloso, lleno de satisfacción y motivación. Haz clic en el botón para ver más sobre mi trabajo.

Conoce más sobre mi
Psicoterapeuta Marisol Santillán 2026

Mis propuestas para ti

Testimonios

Tu trabajo me parece indispensable para la educación de nuestros hijos, nunca me hubiera imaginado lo parecido que comemos en casa, ahora entiendo a mi hija y a mi misma. Entiendo que no querer hacerme responsable de mis emociones y de mis sentimientos me seguirán llevando a la comida. Gracias Marisol por presentarme tantos sentimientos que no conocía y sé que ahora podre manejar sin taparlos con la comida, el camino empieza con mucho entusiasmo, quiero vivir en atención a mi.

Este taller cambió la imagen que tengo de mi, de mi forma de vivir y de no querer ver mis emociones, que hoy descubro me llevan a comer por hambre emocional. Había leído sobre el tema pero definitivamente no es lo mismo tener ejercicios y tu guia Marisol que es parte importante durante el trabajo de cada sesión.
Agradezco conocerte por que ahora soy otra persona, con muchas ganas de seguir alimentando mi bienestar y no mi boca.
Gracias por existir!!

Mi compulsión ha cambiado, ahora me doy cuenta y puedo parar porque reflexiono en que la comida no sanará el problema.

He legalizado alimentos: como lo que me gusta pero he modificado cantidades, esto me deja sin antojo y por lo mismo no hay atracón, al no compulsarme o tener atracones esto me ha ayudado a bajar de peso.

Esta nueva forma ha reestructurando mi vida social, porque ya no evito asistir a los lugares que me invitan, ni sufro al ver la carta, solo mido mis cantidades pero como de todo.

«Es un taller extraordinario que te permite hacer una pausa y voltear la vista hacia ti misma/o.

Te enseña a comprenderte, a analizarte sin juicio, a quererte mucho (así con tu «grasita» y tu peso).

Aprendes técnicas para llevar una mejor alimentación y separar tus emociones de la comida.

Hay otros temas que ayudan a valorarte y te motivan a emprender un cambio en tu vida, siempre con paciencia y cariño.”

Me encanto el taller, el enfoque, la información y la forma en que se da. Muy profundo, respetuoso y profesional. Me encanto! me voy muy satisfecha y con una nueva esperanza. Gracias.

Me gusto mucho el taller, pero lo más importante es que me sirvió para darme cuenta de más cosas que suceden en mi vida y de las creencias que manejo. Definitivamente el taller implica el principio de muchas cosas que debo trabajar, es una Gran guía y excelente inversión.

Te definiría como la empatía personalizada, es motivante ver a alguien que entiende por lo que pasamos desde su propia experiencia. Me abriste los ojos de muchas cosas y me gusto la forma ¡muchas gracias!

Marisol, quiero agradecerte por todas las herramientas de las cuales me puedo acompañar en este proceso, gracias por la paciencia, amor y entrega que pones en tu taller es un honor para mí el poder coincidir con gente como tú y el grupo. Por primera vez me sentí identificada con personas que están pasando por lo mismo que yo, comprendí que tengo una mala relación con la comida y con mi cuerpo, pero que también puedo reaprender a alimentarme y esta vez hacerlo con más atención y comprensión a mí, es un proceso y entiendo que lleva su tiempo.

Hoy acepto y amo mi cuerpo sin importar su talla, elijo alimentos y situaciones que sólo brinden bienestar .

Mil gracias Marisol.

Mi vida ha empezado a cambiar, ahora se que soy una persona valiosa por ser yo misma. El proceso ha sido difícil y doloroso, por que abrí los ojos a mi realidad, pero poco a poco he ido encontrando mi camino.

Mi relación con la comida y las emociones hoy están separadas, logro satisfacer mi hambre estomacal y sigo descubriendo nuevas formas para lidiar con mis emociones. El peso ahora esta en segundo plano, mejor vivo feliz y descubriendo nuevas cosas de mi día a día. Gracias!!

Mi experiencia:

Fue un taller que tenía pendiente, pero con flojera y pensando “ojalá me ayude”, “espero la magia”.

No fue magia porque tengo y tuve que trabajar en mí, pero si fue magia por que en poco tiempo trabajé cosas de años y que me afectaban a mil.

Me voy feliz con un cambio de actitud y con tantas ganas de seguir adelante con este trabajo.

El taller me lleno de esperanza y confianza en mi misma, porque ahora puedo lograr lo que yo quiera y si me equivoco, no se acabó. Volver a intentarlo y seguir practicando sin abandonar todo.

Vivir el aquí el ahora y confiar en mi misma, en mis emociones y sentimientos.

Gracias por esta oportunidad me esta cambiando muchos aspectos de mi vida.

Ver más testimonios